← All articles reflection April 08, 2026

Le hice los deberes a André por Semana Santa

Un experimento con IA, una respuesta inesperada, y una pregunta que no me puedo quitar de la cabeza

Esta Semana Santa me puse a experimentar con IA y acabé construyendo una pequeña biblioteca de juegos educativos para mi hijo André, de 10 años. Un juego de medidas con temática Stranger Things, uno de lengua con Star Wars, uno de inglés, y una novela interactiva donde sus dos tutoras reales aparecen como personajes misteriosos que van dando pistas. Todo publicado en una web que funciona sin internet, diseñada para leer en el avión de vuelta de Noruega.

No lo cuento porque sea un logro técnico. Lo cuento porque lo que vino después me parece más interesante que el proyecto en sí.

El experimento

Los tres juegos iniciales los desarrollé en el tren por Noruega, entre túnel y túnel: prompt, resultado, André lo prueba, nuevo prompt, nuevo HTML. La novela fue más elaborada — antes de empezar hice un briefing estructurado, respondí yo mismo a preguntas sobre el perfil de André, sus dificultades, sus universos, el currículo de 5º. Ese paso cambió la calidad del resultado de forma notable.

En total, unas 6-8 horas repartidas en varios días. La IA que usé fue Claude, de Anthropic — una decisión que tomé conscientemente, por razones que vale la pena hacer explícitas y a las que vuelvo más abajo.

El resultado sorprendió a André. Lo usó con ganas en el avión, se quejó de un fallo en el Desafío 7 de matemáticas (tenía razón, y yo le dije que se equivocaba él), y preguntó si podría seguir donde lo dejó la próxima vez. Añadí persistencia entre sesiones esa misma tarde.

Lo que aprendí sobre cómo funciona esto

La IA no genera magia por defecto. Genera resultados proporcionales al contexto que le das. Pedir «un juego educativo» produce algo genérico. Pedir «un juego de medidas para un niño de 10 años que usa método Singapur, le encanta Stranger Things, aprende en un entorno bilingüe portugués-castellano y tiene poca energía para estudiar en casa» produce algo que André quiere jugar.

La clave no es saber de tecnología. Es conocer bien a tu hijo y saber traducir eso en contexto. Eso cualquier padre o madre lo tiene. Cualquier tutor también — y con más detalle que yo.

Lo que la IA no hizo: decidir qué materias incluir, qué tono usar, qué era apropiado pedagógicamente, qué errores corregir. Eso fui yo. Y cuando me equivoqué — como con el Desafío 7 — el error también fue mío.

La respuesta que no esperaba

Compartí el proyecto con las tutoras de André. La respuesta de Rocío, su tutora de inglés, tenía más preguntas que afirmaciones. Entre ellas, una que no me he podido quitar de la cabeza: ¿Qué IA utilizaste?

No era una pregunta técnica. Era una pregunta de criterio. Rocío mencionó que ya conocía Claude, que Anthropic es una empresa que ha prohibido el uso militar sin supervisión humana. Que eso le parece un buen punto.

Tiene razón. Y el hecho de que una tutora de primaria esté haciendo esa distinción — entre herramientas, entre empresas, entre criterios éticos — me parece significativo. Más significativo, quizás, que cualquier cosa que yo haya construido en el tren.

La pregunta que sí me quiero quitar de la cabeza

Hay un concepto en entornos enterprise que se llama Shadow IT: el uso de herramientas tecnológicas fuera del radar oficial, sin políticas, sin visibilidad, sin criterio colectivo. Ocurre porque las herramientas llegan antes que las normas.

Con la IA en educación estamos en ese momento. Los padres experimentamos en el tren. Las tutoras preparan rúbricas y boletines. Los alumnos probablemente ya usan cosas que nadie ha preguntado. Y todo ocurre en paralelo, sin conversación compartida.

No creo que la solución sea prohibir ni regular de forma prematura. Creo que la solución empieza por nombrar lo que está pasando. Ser transparentes sobre qué usamos, por qué, con qué criterio. Esa conversación — entre familias, docentes y alumnos — me parece urgente y todavía muy poco frecuente.

El proyecto de Semana Santa fue un experimento de padre con demasiado tiempo en el tren. Pero la pregunta de Rocío sobre la elección de la herramienta me recuerda que hay algo más importante que el resultado: el criterio con el que se toman las decisiones, y si ese criterio se comparte o se mantiene invisible.

¿Cómo estáis viendo esto desde el aula?